Isidro's profileThe wyrm's lairPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
January 05 Fuego helado.El gargantuesco elemental de fuego se erigía ante mi como un terrible coloso llameante, la imagen del campo de batalla ahora era realmente escalofriante, el espacio recorrido por los golpes de las gigantescas llamaradas lanzadas por el elemental dejaban no solo una ardiente marca en el terreno si no un profundo cráter por la fuerza del impacto.
La situación era realmente desesperada para los defensores elfos, y había que tomar una decisión rápida y definitiva, retorné a mi forma original lo antes que pude para poder confrontar de igual a igual al elemental. Los ardientes rubíes que el elemental tenia por ojos se giraron hacia a mi con asombro e indignación, unas palabras en su lengua reverberaron por todo el bosque con ardiente desden...
- Traidor, embaucador que perdiste el favor del gran enemigo... - Viniste arrastrándote hasta nosotros... en busca de poder, ahora te atreves a cuestionar nuestra voluntad... ¡SUFRE NUESTRA IRA!
La voz de la criatura estaba compuesta de otras voces que resonaban con un calcinador eco...
La primera llamarada de la criatura me impactó de lleno estrellándose contra el escudo protector de Ethelar, parte del potencial de las llamas si me logro alcanzar logrando hacerme sentir el fuego por toda mi piel como un mar de agujas. La sensación del dolor me despertó de nuevo y me preparo para terminar de embestir al elemental.
Entretanto, un halo brillante comenzó a envolverme, Ethelar, lanzó de nuevo un poderoso cántico de protección sobre mi, salvaguardándome de gran parte del calor de la criatura.
La imagen debió ser sobrecogedora, todos los defensores elfos observaban con asombro como un dragón plateado envuelto en un halo dorado se abalanzaba brutalmente contra el elemental. Ethelar estoico, como siempre, contemplo la situación con una solemne mirada, sumergido al mismo tiempo en algún recuerdo de otra batalla.
El elemental intento cubrirse con sus ardientes extremidades, poco logro mitigar el efecto de la brutal carga efectuada contra el, salio despedido contra el bosque, prendiendo fuego a parte de la vegetación y haciendo que sus brazos quedaran prácticamente inutilizados.
Sabia que de no contraatacar pronto el elemental se recuperaría, así que continué intentando golpearle con todas mis fuerzas, durante el intercambio de golpes una voz de trueno recorrió el lugar de nuestra contienda personal, mientras runas de energía arcana y rayos de la energía de un intenso poder emergían a nuestro alrededor... Ethelar no se dio cuenta a tiempo para avisarme, aunque su voz resonó en mi cabeza, pronto las runas y los rayos de convergieron para convertirse en una rabiosa tormenta de hielo llena de afilados y agudos carámbanos que impactaban implacablemente contra mi y el elemental, en pocos segundos el elemental había perdido el lazo arcano que lo unía con nuestro mundo y se desvaneció, mientras yo sufrí los impactos de la tormenta.
Ethelar se acerco todo lo rápido que pudo para intentar aliviar mis heridas, no eran muy cuantiosas ni peligrosas, pero algo me decía que el hecho conllevaba mi daño de manera totalmente intencionada... El aire se distorsiono a tan solo dos metros de nosotros, la realidad se combó durante unos segundos para dar paso a un misterioso mago cuya túnica le ocultaba completamente el rostro, un halo de escarcha recorría su persona y el lugar donde estaba situado empezó a congelarse lentamente... el báculo rematado en un azulado diamante y su túnica púrpura y azul le daba un aspecto terrible e imponente aun siendo solo un humano...
-Saludos Gran plateado... parece que el gran enemigo del amo del fuego quiere que volvamos a encontrarnos... creo que vas a pedir una audiencia, ¿cierto?
-Era dicho lugar al que me dirija... después de solucionar ciertos asuntos... ¿como...?
-Sencillo, el también tiene muchos intereses en ti... toma tu reciente castigo como una penitencia por tus faltas...
Ethelar miraba con desconfianza al gélido mago.
-Solo faltaría ella para que estuviéramos todos...
-Ciertamente mi querido clérigo... pero no es momento de añoranzas, tenemos mucho que hacer... |
|
|